Gozando de un malditismo digno de cualquiera de los poemas del estilo de los que escribía Charles Baudelaire, por ejemplo, esta película de Fernando Fernán Gómez es de visionado obligado para cualquiera que se acerque a su filmografía y en general para cualquiera que ame el cine español. Ya llevaba el sabor de película maldita en la boca desde su título, que originalmente era El crimen de Mazarrón, y que el alcalde del pueblo murciano de entonces, en 1964, impidió que así se titulase para evitar que el turismo huyese del provechoso destino playero.
Con un presupuesto ínfimo, se rueda en la localidad madrileña de Loeches una historia que parte de una idea de Luis García Berlanga y que convirtieron en guión Pedro Beltrán y Manuel Ruiz Castillo. El film es realmente raro; empieza que parece una comedia ligera y costumbrista que nos enseña la vida de un pueblo español de los años del desarrollismo franquista, con sus tipos y costumbres del pasado conviviendo con los nuevos tiempos, más modernos, que miran ya a un futuro no muy lejano. De pronto, sin venir a cuento, se convierte en una especie de película de terror psicológico, de suspense, que nos introduce en un mundo misterioso y fosco. Según va evolucionando la historia, cobra fuerza una trama policíaca sorprendente, muy bien presentada y concebida.
No menos interesante es la música de Cristóbal Halffter, compositor español perteneciente a una familia dedicada desde generaciones a la más espiritual de todas las artes, y que en este film desarzona un surtido de sonidos, melodías atonales, tan cercanas a esa vanguardia a la siempre ha sido tan afín a lo largo de toda su carrera.
La filmografía de Fernán Gómez tanto como actor, como director, preñada está de títulos magníficos que forman parte de la historia de nuestro cine. Lo curioso es que entre todas ellas figure además El extraño viaje, como ya dije antes, una película endemoniadamente insólita y retorcida a más no poder.
Y no se puede comentar el filme sin mencionar, por supuesto, esa entrañable pareja de actores como son Rafaela Aparicio y Jesús Franco, esta vez dejando de lado sus quehaceres como director o guionista. Inolvidables; geniales.