Hay hábitos modernos que parecen inofensivos hasta que alguien se toma la molestia de medirlos. Uno de ellos es casi universal: sentarse en el inodoro, sacar el móvil y empezar a scrollear como si el cuarto de baño fuese una sala de espera privada. El gesto se ha normalizado tanto que cuesta imaginar otra escena: la puerta cerrada, el silencio, la pantalla iluminando la cara y la sensación de “aprovechar el tiempo”.
Pero el cuerpo —y, en concreto, la zona rectoanal— no fue diseñado para convertir ese rato en una sesión de lectura infinita. Un estudio reciente ha puesto números a una sospecha cada vez más comentada en consulta: usar el teléfono en el baño se asocia con más probabilidades de padecer hemorroides. Y el dato llama la atención por su contundencia: quienes reconocían esta costumbre presentaban un 46 % más de probabilidades de tener hemorroides que quienes no lo hacían.
Qué analizó el estudio y por qué se ha hecho viral
El trabajo se apoya en una idea sencilla: si el móvil alarga el tiempo sentado en el inodoro, esa postura prolongada podría aumentar la presión en el área, favorecer la congestión venosa y, con ello, la aparición (o el empeoramiento) de hemorroides. El planteamiento no pretende demonizar el smartphone, sino entender si una conducta cotidiana puede tener un impacto medible.
Para ello, los investigadores estudiaron a 125 adultos que acudían a una colonoscopia de cribado en un centro médico de EE. UU. A los participantes se les preguntó por sus hábitos en el baño y, posteriormente, se revisó si presentaban hemorroides en la exploración. En la muestra, aproximadamente dos tercios (66 %) reconocieron usar el móvil en el inodoro y, en total, el 43 % presentaba hemorroides.
La comparación principal fue clara: tras ajustar por factores relevantes (edad, sexo, índice de masa corporal, actividad física, consumo de fibra y antecedentes de estreñimiento), el uso del smartphone en el baño se asoció con un 46 % más de probabilidades de hemorroides.
Hay un matiz interesante: el trabajo también observó que pasar más de cinco minutos en el inodoro era más frecuente entre quienes usaban el móvil, aunque no todos los análisis pudieron establecer una relación directa y robusta entre “más minutos” y “más hemorroides” dentro de esa misma muestra. En otras palabras: el móvil aparece como marcador de una conducta (estar más rato sentado), y esa conducta encaja con lo que la medicina lleva décadas señalando como factor de riesgo.
Por qué el inodoro no es una silla (aunque lo parezca)
En términos simples, las hemorroides son estructuras vasculares normales que todos tenemos, pero se convierten en problema cuando se inflaman o se distienden, provocando dolor, picor, sangrado o sensación de bulto. La literatura médica suele relacionarlas con aumento de presión en la zona: estreñimiento, esfuerzo al evacuar, embarazo, sobrepeso y, de forma muy repetida en guías divulgativas, estar sentado en el inodoro durante periodos prolongados.
El baño, además, tiene una “trampa” biomecánica: la postura favorece que muchas personas se queden quietas, sin darse cuenta del tiempo, y que el cuerpo mantenga tensión pélvica mientras la gravedad hace su trabajo. Si a eso se suma el efecto hipnótico del scroll (que reduce la percepción del paso de los minutos), el resultado es una combinación fácil de entender.
En consulta, este patrón se describe con frecuencia: “no me di cuenta del rato que llevaba”, “me quedo leyendo”, “me entretengo mirando redes”. El estudio no demuestra que el móvil “cause” hemorroides por sí mismo, pero sí refuerza una hipótesis prudente: convertir el inodoro en un espacio de permanencia puede salir caro.
Asociación no es causalidad: lo que el estudio no puede afirmar
Conviene subrayarlo sin alarmismo: se trata de un estudio observacional y con una muestra relativamente pequeña. Eso significa que detecta asociaciones, pero no puede asegurar una relación causa-efecto. Es posible, por ejemplo, que algunas personas con molestias hemorroidales tarden más en el baño y, por aburrimiento, recurran al móvil (es decir, que el problema influya en el hábito y no al revés). También es posible que existan variables difíciles de medir (tipo de dieta real, hábitos intestinales, medicación, hidratación, patrón de sedentarismo) que afecten a ambos aspectos.
Aun así, el valor del trabajo está en que pone cifras a una conversación que ya existía y la saca del terreno del “me suena” o “he oído”. En prevención, especialmente en temas tan comunes, a veces basta con identificar un hábito modificable para ganar mucho.
Lo que recomiendan los especialistas: menos tiempo, menos presión, menos drama
La mayoría de recomendaciones serias sobre hemorroides suelen coincidir en lo básico, porque el objetivo es el mismo: reducir presión y evitar el círculo vicioso de estreñimiento–esfuerzo–inflamación.
Estas son las pautas más repetidas por instituciones médicas y divulgación clínica:
- Evitar permanecer sentado en el inodoro mucho tiempo. Si no sale, no forzar el “modo espera”. Levantarse y volver más tarde suele ser mejor que quedarse inmóvil con el móvil en la mano.
- No hacer fuerza. El esfuerzo sostenido aumenta la presión en el canal anal.
- Cuidar el tránsito intestinal con fibra, agua y movimiento. No es un consejo “de abuela”: es una forma directa de reducir estreñimiento y, con él, el esfuerzo al evacuar.
- No ignorar señales de alarma. Sangrado persistente, dolor intenso o bultos que no mejoran deberían valorarse médicamente, porque no todo sangrado rectal es hemorroides.
En este contexto, la recomendación práctica más simple es también la más realista: si el móvil alarga la visita, el móvil sobra. Dejarlo fuera del baño o cambiarlo por un hábito más corto (entrar, evacuar, salir) puede ser una prevención sorprendentemente efectiva.
Un síntoma de época: el “tiempo muerto” ya no existe
Más allá de lo médico, el fenómeno tiene algo cultural. El baño era, para muchos, uno de los pocos espacios sin pantallas. Hoy es, para una parte enorme de la población, un punto más de consumo digital. Y el cuerpo, que no entiende de notificaciones, paga la factura cuando la rutina se convierte en permanencia.
La ironía es que la promesa del móvil era “optimizar” el tiempo. En el inodoro, esa optimización puede degenerar en lo contrario: una conducta que añade minutos innecesarios a una postura que no conviene prolongar.
Preguntas frecuentes
¿Usar el móvil en el baño causa hemorroides o solo está relacionado?
La evidencia del estudio apunta a una asociación: quienes usan el móvil en el inodoro presentaron más probabilidades de hemorroides. Eso no prueba causalidad, pero encaja con un mecanismo plausible (más tiempo sentado y más presión local).
¿Cuánto tiempo es recomendable estar sentado en el inodoro?
No existe un número mágico universal, pero tanto el estudio como recomendaciones clínicas insisten en evitar “sesiones largas”. Como regla práctica, si pasan varios minutos sin evacuar, suele ser mejor levantarse y volver más tarde que quedarse esperando con el móvil.
¿Qué hábitos ayudan a prevenir hemorroides en personas con estreñimiento?
Priorizar fibra y líquidos, moverse a diario, no forzar la evacuación y responder al reflejo cuando aparece. El objetivo es reducir esfuerzo y presión en la zona.
¿Cuándo conviene consultar por hemorroides?
Si hay sangrado rectal recurrente, dolor intenso, bultos persistentes, cambios llamativos en el hábito intestinal o síntomas que no mejoran, lo prudente es una valoración médica para descartar otras causas.
Fuentes:
- PLOS ONE (2025): “Smartphone use on the toilet and the risk of hemorrhoids”. (PLOS)
- Harvard Health Publishing: “Hemorrhoids and what to do about them”. (Harvard Health)
- Cleveland Clinic (revisión médica 2025): “Thrombosed Hemorrhoids: Symptoms, Causes & Treatment”. (my.clevelandclinic.org)




