En el marco de la Semana del Copyright, diversas organizaciones están participando en acciones y debates que abogan por principios clave que deberían guiar la política de derechos de autor. Durante esta semana, se están analizando diferentes elementos de la legislación y la política de derechos de autor, a la par que se evalúan los riesgos y las medidas necesarias para garantizar que el copyright fomente la creatividad y la innovación.
Un aspecto central de la discusión es el creciente clamor de los propietarios de derechos de autor, quienes argumentan que una legislación más estricta podría ayudar a combatir a las grandes empresas tecnológicas. Sin embargo, la realidad es que tales políticas suelen dar a las compañías más poder sobre los creadores y sus competidores. Actualmente, la política de derechos de autor se centra en un reducido número de corporaciones que actúan como gatekeepers, en detrimento de otros actores del sector. En este contexto, es urgente establecer un sistema que facilite la innovación de base y apoye a los creadores emergentes al reducir las barreras de entrada, lo que proporcionaría una mayor variedad de opciones para el público.
Las regulaciones que favorecen a los monopolios a través del copyright no ofrecen un apoyo económico significativo a artistas y creadores vulnerables. La asimetría de poder entre creadores y las entidades que controlan la publicación convierte en un esfuerzo vano intentar ayudar a los artistas otorgándoles más derechos bajo la ley de copyright. Este enfoque se asemeja a «intentar ayudar a un niño acosado dándole más dinero de almuerzo para que el matón se lo lleve».
Las prácticas del sector del entretenimiento refuerzan esa preocupación. En años recientes, las discográficas y editoriales han negociado multimillonarios acuerdos de licencia directa con plataformas de streaming, mientras que los artistas a menudo no ven beneficios directos de esos ingresos. Por ejemplo, a pesar de los grandes pagos realizados por empresas como Google y Spotify a algunas discográficas, los artistas siguen siendo en gran medida excluidos de esos beneficios económicos.
Con el surgimiento de la inteligencia artificial (IA), el copyright podría parecer una herramienta útil para proteger a los creadores de los abusos de las grandes empresas tecnológicas. Sin embargo, la realidad es que este enfoque podría limitar significativamente la competencia y fomentar un mercado monopolístico en el desarrollo de modelos de lenguaje. La necesidad de licencias para acceder a los datos que alimenten estos modelos podría dejar fuera a la mayoría de los competidores, manteniendo el control en unas pocas corporaciones que poseen grandes volúmenes de datos o recursos para negociar con quienes los tienen.
El caso de ROSS Intelligence contra Thomson Reuters ilustra las complicaciones que surgen cuando se aplica la ley de copyright en el contexto de la IA. La demanda de Thomson Reuters contra ROSS, que desarrolló una herramienta de investigación legal basada en IA, ha puesto en peligro la existencia misma de estastartup, inhibiendo así la competencia y el acceso a la información legal.
Finalmente, la sección «anti-circunvención» del Digital Millennium Copyright Act (DMCA) ha servido para obstaculizar la competencia y la innovación en múltiples sectores, desde los cartuchos de impresora hasta los accesorios de consolas de videojuegos. Esta legislativa, lejos de disuadir la infracción, ha resultado en restricciones que favorecen a los titulares de derechos en detrimento de los consumidores, lo que destaca la necesidad urgente de una política de derechos de autor más equilibrada que incentive la competencia y beneficie al público.
Fuente: EFF.org





