Adaptar Dark Shadows, serie de culto de la ABC en los años 60, para Tim Burton es un ejercicio de reencuentro y redención consigo mismo sobre todo después del precedente inmediato de Alicia en el País de las Maravillas, que fue de lo más parecido que se ha visto a un suicidio profesional desde The Last Airbender de Shyamalan.
Sombras Tenebrosas goza de todo lo que Tim Burton ha hecho tan suyo durante su carrera: es un freak show que combina comedia y terror, con personajes histriónicos y un acercamiento romántico a la figura del monstruo. Además, para la ocasión ha contado con sus dos actores fetiche –Johnny Depp y Helena Bonham Carter– junto a un elenco copado por la espectacular Eva Green, Michelle Pfeiffer –con el aliciente del reencuentro tras Batman Vuelve–, Chloe Grace Moretz –una de las actrices con más proyección, cuya carrera está yendo muy ligada al fantástico–, el siempre cumplidor Jackie Earle Haley y la semidesconocida Bella Heathcote, cuyo físico esquelético a la par que bello la hace perfecta para la estética del cine de Burton.
En definitiva, la teoría dice que las piezas eran adecuadas y el tablero favorable para que Tim Burton se sacudiera una buena película, una de las suyas, casi sin querer. Sin embargo, la ecuación falla en la única incógnita que había que despejar: el propio director, que parece que todavía está desorientado después de asomarse tan airadamente al abismo con su adaptación de Alicia.
Si bien el realizador recupera sus cauces narrativos en la construcción de escenas y el buen trato a los personajes, es completamente incapaz salvar el obstáculo del inepto guión de Seth Grahame-Smith, estructuralmente descompensado, muy precipitado hacia el final e incapaz de integrar con suficiente coherencia el excesivo número de personajes. Burton no consigue endulzar Sombras Tenebrosas con el alto nivel de emoción que derrocha su cine por culpa de esta dispersión caótica que desdibuja completamente la trama, pero al menos sí que recupera la simpatía que suelen atesorar sus universos macabros.
Prueba de ello es que la película funciona bien en momentos puntuales de abstracción, esencialmente en la primera parte del film, cuando va presentando a los personajes y cuando Sombras Tenebrosas se convierte en una especie de comedia gótica en plan “un vampiro suelto en los 70”, que nos deja algunos gags muy bien conseguidos e instantes extraordinarios como el primer encuentro con Carolyn (Chloe Grace Moretz), probablemente el mejor homenaje a Lolita (Stanley Kubrick, 1962) que he visto en mi vida.
Con todo y a pesar de todo, la conclusión es que la única sombra tenebrosa que deambula por la película es la de un Tim Burton perdido en su intento de volver a casa. El experimento con Sombras Tenebrosas se ha quedado en un intento decepcionante de su director para recuperar su identidad mermada porque, a pesar de los destellos positivos que tiene el film, el potencial que se ha quedado en la cuneta desgraciadamente es demasiado.