Sazonar la fórmula de la comedia teen norteamericana con el paletismo patrio que tanta gracia parece tener es todo lo contrario a una mala idea, ya que escenifica un choque de culturas y mecanismos de humor holgadamente diferentes que bien manejado podría resultar la mar de interesante.
Lo que pasa es que la comedia, la buena comedia, hay que tomarla muy en serio. Levantar una película decente con esta premisa requiere una base de estudio, pero sobretodo de reflexión, importantes sobre los elementos definidos tanto en la comedia de instituto (house partys, la chica popular, el capitán del equipo, el canto al primer amor, el/la marginado/a, el adulto que no ha superado la adolescencia, etc.) como de la comedia ligera española (el colegueo, las frases recurrentes, los decibelios elevados, la incorrección política, la sátira social, etc.) para diseñar un engranaje integrador con el que estas piezas juntas puedan funcionar.
Fuga de Cerebros 2, sin embargo, carece completamente de este trabajo previo y termina arrastrando los clichés de la comedia americana a una buddy movie a la española, sin experimentos, sin afán de integración. Tan poco relevante es la referencia indirecta a la crisis (cuatro amigos que abandonan su trabajo para empezar una nueva vida en la mejor Universidad del mundo) como las subtramas que llevan a la dispersión argumental y la ausencia de ganchos mediáticos como Mario Casas y Amaia Salamanca (protagonistas de la primera parte) para protagonizar la historia de amor central es determiante en este sentido. Alfonso (Adrián Lastra) no es un protagonista carismático, Marta (Patricia Montero) no pasa de presencia angelical y Sara (Paula Prendes) cae de la ecuación cuando empieza a ser interesante.
El conjunto termina siendo un fallo artístico global que pretende aprovechar la estela del éxito comercial de la primera parte, por lo que Fuga de Cerebros 2 termina siendo una más de estas películas españolas hechas entre amigos, con espacio para el rapeo del Langui, para la aparición de Carmen Machi haciendo de Carmen Machi, para recordar por millonésima vez que España es campeona del mundo o para la gracieta de David Hasselhoff chapurreando español de poligonero; cuando lo verdaderamente imprescindible hubiera sido un buen sabotaje a una boda o una carrera al aeropuerto.
Y de propina, lo inevitable…
Arrrrrrrrrrrrrrrr….